Ser imitadores de Cristo no es solo admirar a Jesús, ni únicamente creer que Él es el Hijo de Dios; es decidir vivir como Él vivió. La Escritura nos llama claramente a esto:
“Sed, pues, imitadores de Dios como hijos amados.” — Efesios 5:1
Imitar a Cristo es asumir el carácter del Hijo, reflejar su forma de amar, de hablar, de perdonar y de obedecer al Padre, aun cuando hacerlo cueste.
Imitar a Cristo es caminar como Él caminó
El apóstol Juan lo dice sin rodeos:
“El que dice que permanece en Él, debe andar como Él anduvo.” — 1 Juan 2:6
Jesús caminó en obediencia total, en dependencia del Padre, en humildad y verdad. No vivió para agradarse a sí mismo, sino para cumplir la voluntad de Dios. Ser imitadores de Cristo significa preguntarnos cada día:
¿Qué haría Jesús en esta situación? ¿Cómo respondería Él?
Imitar a Cristo es vivir en amor
Jesús mismo nos dejó el modelo supremo del amor:
“Un mandamiento nuevo os doy: Que os améis unos a otros; como yo os he amado.” — Juan 13:34
Cristo amó cuando fue rechazado, perdonó cuando fue ofendido, y dio su vida por quienes no lo merecían. Ser imitadores de Cristo implica amar no solo al que nos ama, sino también al que nos hiere, al que nos traiciona y al que nos persigue.
Imitar a Cristo es aprender de su mansedumbre y humildad
Jesús no se impuso por la fuerza, ni buscó reconocimiento humano:
“Aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón.” — Mateo 11:29
Imitar a Cristo es renunciar al orgullo, a la soberbia espiritual, al deseo de ser vistos. Es servir en silencio, obedecer sin quejarnos y reconocer que sin Él nada podemos hacer.
Imitar a Cristo es obedecer aun en el sufrimiento
Jesús fue obediente hasta el extremo:
“Se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz.” — Filipenses 2:8
Ser imitadores de Cristo no significa una vida sin pruebas, sino una vida fiel en medio de ellas. Es seguir creyendo cuando duele, seguir confiando cuando no entendemos y seguir obedeciendo cuando el camino es estrecho.
Imitar a Cristo es vivir crucificados al pecado
El verdadero imitador de Cristo no vive para sí mismo:
“Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí.” — Gálatas 2:20
Imitar a Cristo es morir cada día al pecado, a la carne, a los deseos desordenados, y permitir que Cristo viva su vida en nosotros por medio del Espíritu Santo.
Conclusión
Ser imitadores de Cristo Jesús es un llamado alto, santo y transformador. No se logra con fuerzas humanas, sino con una relación viva con Él. No se trata de perfección, sino de dirección: caminar cada día pareciéndonos un poco más a Jesús.
Que nuestra oración diaria sea:
“Señor, hazme más como Tú.” 🙏